Los celestes remontaron el marcador y al final terminaron festejando frente a un rival que perdonó y lo pagó caro. Sin ser un dechado de virtudes, al local le alcanzó para llegar al primer lugar.

Bolívar es líder, pero… Su producción en la cancha no es digna de un puntero. El equipo está muy lejos de su historia, de su tradición, gana apelando a la garra, al empuje de quienes no quieren perder. Hace rato que no juega bien, que su hinchada no aplaude el fútbol con alta cuota de calidad a la que se había acostumbrado. Ayer se impuso sufriendo a Guabirá
3-2 en el estadio Hernando Siles y comparte el primer lugar de las posiciones con Oriente, aunque el cruceño tiene un partido menos.
El triunfo sobre el azucarero cayó como una bendición del cielo para dar tranquilidad a los celestes y devolverles el alma al cuerpo.
El montereño perdonó y le costó caro; tuvo que pagar las consecuencias con la derrota. Otra hubiera sido la historia si Daner Pachi y Luis Ribeiro embocaban las situaciones de que dispusieron cuando el partido estaba empatado a dos goles y el lance ingresaba en la recta final. Los dos ex Bolívar se perdieron de manera increíble las oportunidades que tuvieron y perdonaron a un adversario que a esa altura parecía resignado otra vez a conformarse con la igualdad.
El anuncio del argentino Damián Lizio y el brasileño Zé Carlos de querer devorarse al rival en el inicio de las acciones no tardó en convertirse en un espejismo, pues las revoluciones bajaron y comenzó a verse el fútbol impreciso e intrascendente que también mostró en sus anteriores presentaciones en casa.
Los silbidos volvieron a ganar a los aplausos. El exigente hincha celeste empezó a impacientarse porque hasta los 20 minutos de iniciado el lance, la propuesta no convencía. Lo visto en el campo de juego invitaba más a la preocupación que a la tranquilidad.
El cotejo se hizo cuesta arriba cuando a los 25 minutos Daner Pachi marcó por vez primera contra su ex equipo. Luis Ribeiro mandó desde la derecha un centro a las espaldas de los defensores de Bolívar, Andrés Jiménez bajó de pecho el balón y mandó otro centro para habilitar a Pachi, quien sin marca alguna y con todo el tiempo a disposición se agachó y de cabeza marcó la apertura del marcador.
Desde ese momento hasta el final de la primera parte, Guabirá tocó la pelota en procura de hacer pasar el tiempo, mientras que Bolívar hacía mil intentos para encontrar la fórmula que le permita llegar con claridad hasta el arco defendido por Óscar Antelo. Como no se pudo con la pelota en los pies, se tuvo que apelar a los remates de media distancia. Fue en el minuto 49 cuando Wálter Flores probó desde unos 25 metros; el arquero de la visita sacó la pelota al servicio de esquina. Esa jugada, con la que se cerró la primera parte, fue la única de peligro del plantel local.
CAMBIOS DECISIVOS. En la segunda parte, los cambios que ordenó Guillermo Hoyos fueron decisivos para empujar al celeste hacia el triunfo. Juan Enrique Bustillos, Diego Rivero y Ronald García se convirtieron en la fuerza que necesitaba para buscar el empate, que llegó de un error del arquero Antelo, quien sacó apresurado una pelota y no hizo otra cosa que entregarle a Lizio; el argentino encaró y mandó un pase preciso hasta donde estaba Rivero y el juvenil de cabeza puso el 1-1 (16’ST).
En tres minutos, Bolívar le dio vuelta. Lorgio Álvarez desbordó por izquierda, sacó un remate que pegó en el poste, y para mala suerte del arquero, la pelota pegó en su espalda y se metió en el arco (19’ST).
Parecía que se allanaba el camino, peor, los miedos volvieron casi de inmediato. A los 26’, Leandro Martínez puso el 2-2, también de cabeza; como en el primero de su equipo, anotó libre de marca.
Después, Guabirá se puso a tiro del triunfo, tuvo dos ocasiones inmejorables. En la primera, Ribeiro eliminó a Argüello y como no tenía ángulo para definir, le puso la pelota en bandeja de oro a Pachi, quien, con arco vacío, la mandó por encima del travesaño (32’).
Luego Gaty tuvo la suya, a los 37’. El lateral se sacó la marca del arquero y, en lugar de definir, mandó un centro que fue despejado.
Otra vez se confirmó que el que no hace goles, los recibe. El castigo para el equipo de Montero llegó mediante Rodríguez, el zaguero metió un cabezazo fuerte para decretar el 3-2 definitivo, cuando corría el minuto 39.











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